Originalmente, los molinetes se utilizaron para simplificar el conteo de animales, luego se incorporaron en eventos deportivos y actualmente existen en varios programas edilicios, pero hasta ahora nunca en espacios públicos. La construcción de este molinete es la reacción final de una gestión inacabada, un objeto trasladable que se instaló unos minutos en la Plaza San Marco de Venecia, hasta su expulsión casi inmediata, para seguir luego un camino por otros espacios de la ciudad.

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En mayo de 2018 realizo una solicitud a través del Consulado Uruguayo en Venecia para el uso de la Plaza San Marco, con la intención de llevar adelante una acción performativa. La propuesta consistía en la delimitación temporal de la sombra del Campanario, de casi 100m de altura, con el objetivo de revelar la influencia de su sombra en el uso de la plaza y separarla de la torre para construir un nuevo elemento. Inmediatamente me notifican que la Comuna no iba a aprobar el pedido, señalando también que a varios artistas, incluido Botero, se les había negado el uso de la plaza.

Esta gestión sucede en medio de una serie de noticias que anuncian la restricción del acceso libre a la plaza, en medio de un debate sobre la dependencia del turismo y la turismofobia, sobre la museificación de las ciudades y la despoblación exponencial, sobre hundimientos y preservación de infraestructura, sobre la riqueza rápida y la pobreza a largo plazo, discusiones contrapuestas en una ciudad tomada por cientos de exposiciones reunidas bajo el lema del espacio libre y su gran generosidad.

Venecia, Italia. 2018.